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jueves, 3 de noviembre de 2011

Caigo

Kriztian Gakan








Escruto las huellas
Que marco en el camino
          recorro
escudando los sentidos en la esperanza
añorando el encuentro con las flores
que prometían mis semillas


Encuentro
parábolas  vengativas
                 y otras ausentes
que sorprenden al tiempo
herencia de mi nombre
       que divaga
                       entre paisajes azulinos

jueves, 27 de octubre de 2011

Sexo Sentido

autor Mauricio González






Oigo tu luz cuando apareces
vibro en colores al ritmo que me arrastras
veo la música bailando entre penumbras
sintonizo tu cadencia alocada.

Palpo el aroma de los besos
sin frenos parece que lucháramos
huelo el vértigo apasionado
bañados en sudor los jugos nos resbalan.

Degusto tu fuerza arrolladora
deslizándonos por un túnel luminoso
alcanzamos las nubes
el cielo
las estrellas
y caemos a un mar sin fondo.

Unidos en la sangre
en ese instante
cuando todos los sentidos se disparan
explota el misterio de la vida
que se funde con la nada.


jueves, 20 de octubre de 2011

Seducción

Arcilla




Aquella aventura era un loco romance. Un día en la playa, un hotel dos estrellas, jacuzzi. De sexo ni hablar. El hijo de puta me dejo sin un peso.
Tuve que hacer dedo para llegar a mi casa. Mas encima pagar en carne.
Rica tu invitación...

miércoles, 19 de octubre de 2011

La Mano Amiga

Kriztian Gakan







Leí el otro día en un blog de esos que salen ballenas saltando y unicornios a borbotones, un comentario de un señor que se vanagloriaba de haberse hecho la primera paja a los veintiún años. Cresta! si yo a los catorce ya tenía que cambiar de mano cada seis meses por los callos. Cuánto desperdicio, qué pérdida de tiempo con las alegrías y el cariño que se puede dar uno con la sola ayuda de la imaginación y los anuncios de lencería de la Avon.
Llevo tantos años meneando el chino tuerto que hubiese podido montar una fábrica de gomina natural.

Nuestro camino

                                                                                       Mauricio González




Bajas el cielo
abres el círculo
aclarando el espejismo me liberas
tú impides que naufrague en el delirio.


Me enseñaste el desapego
la paciencia
el hacer del trabajo una plegaria
a juntar las esquirlas de los días
y construir con ellas un mañana.


Que podemos alumbrar como el relámpago
con la fuerza del amor abrir camino
consumiendo/alimentando la esperanza
la energía vital que nos anima.


Así
tomo tu mano
que me guía por verdes laberintos
en íntima unión
en paz
confiado
en que juntos alcanzaremos la salida.


martes, 18 de octubre de 2011

Triste Lucidez

 Rita Riccardi






Soy un peldaño roto
de una escalera
que va a ninguna parte.

Nuevos caminos recorro.
Los viejos desaparecieron
en un apagón de mi lucidez.

Carezco de identidad
entre seres sin rostros.
No necesito emociones
para que mi alma alumbre.

Ni vestirme con ropajes de sol
para sacar el frío de mi cuerpo.
Ni inventarme un mundo nuevo
para decir quien soy.

Que mi soledad recuerde a alguien es raro.
Que sueñe cosas inciertas más raro aún.

Soy prisionera de una caída que no termina,
de un llanto que no aflora,
de un silencio que pudre.
Sin dejar nada, nada que fluya.

viernes, 14 de octubre de 2011

Plegaria Simple

Kriztian Gakan





Mojo mis manos con sal
en nombre de los hombres
que llevaron a cuesta corona de espinos

Mojo mis manos con sal
en nombre de los hombres
que zurcieron las heridas de tu cruz

mojo mis manos con sal
en nombre de los hombres
que hicieron pentagrama perfecto de tus heridas

Mojo mis manos con sal
en nombre de los hombres
que bañaron de acordes disonantes la piel

Mojo mis manos con sal
En nombre de los hombres
que con maderos de balsa danzaron con la mar

Mojo mis manos con sal
En nombre de tu nombre
Que con las plegarias, el perdón fue música

miércoles, 12 de octubre de 2011

Encontrarse

           Rita Riccardi







Se propone despertar buscando
lo fundamental de su existencia.
Alejando de su mente a sabios, filósofos e intelectuales.
Deseando hallar en el vacío lo absoluto.

Vivir sin religiones que lo encarcelen
ni deformen la realidad de sus creencias,
Sueña terminar con el odio y sus escudos
hasta visualizar la pureza del verso.

Espera encontrar en algún lugar del mundo
alguien que no haya olvidado la compasión.
Intenta desprenderse de los mitos apocalípticos
en el momento preciso entre el ayer y el ahora.

Poder vivir comprendiendo la filosofía del que no perdona.

Entrar en sintonía de ser digno de existir.
Ir más allá de las montañas y visualizar
la pureza de un cielo limpio y azul.

No desea a su lado santos ni grandes pensadores,
solo quiere entender su propia incoherencia,
disfrutando serenidad, claridad, conciencia pura.
Y al finalizar el día…esperar que no sea un sueño.


domingo, 9 de octubre de 2011

La cucaracha

Mauricio González



Apareció de pronto arrastrando una túnica negra toda manchada que dejaba entrever unas zapatillas rojas desteñidas y unos pantalones grises, raídos. Una cinta blanca de regalo le cruzaba la frente, un bastón de palo de escoba en una mano –con un globo rojo en forma de corazón atado a la punta- y una bolsa plástica llena de cachureos en la otra. De pelo corto entrecano, aparentaba unos cincuenta y tantos.

Subió al tren y la gente se apartaba, todos lo miraban extrañados. Al rato se bajó. Le pesaban los pies caminando por el andén. Preguntó por la salida a otro pasajero que esperaba sentado. Pestañeaba rápidamente a los que se le cruzaban para seguir su camino muy serio, la mirada perdida y sin rumbo.

Salió al paseo peatonal que parecía un hormiguero a esa hora. Anduvo un par de cuadras y se paró  frente a una librería que remataba todo por cierre de local. Entró, revolvió todos los estantes  y se quedó con  La metamorfosis.

Apuró el paso hasta el enorme edificio de cristales y acero, ingresó al lujoso vestíbulo donde el conserje lo saludó con una inclinación de cabeza. Subió al ascensor y bajó en el vigésimo piso. Llegó temprano a la brillante y moderna oficina de Marketing Subliminal Corp. donde lo aguardaba la sobria secretaria con un montón de documentos para la firma.

-          Buenos días don Gregorio ¿le preparo un cafecito?
-          Sí, por favor, muchas gracias. En cuanto pueda comuníqueme con el Ministro Seguretti que tengo listo el informe sobre la marcha del fin de semana. Y hágame otro favor, no se ponga más ese perfume tan pesado para esta hora y bájese un poco la falda ¿sí?

jueves, 8 de septiembre de 2011

El hombre pelìcano·/ Escribe Mauricio González





En vuelo rasante, sobre la inmensa bahía en calma, se dejaba llevar por la corriente. Casi sin batir alas, se guiaba por las señales de los signos en el agua. Ahora que veía las pequeñas siluetas de los pescadores en la caleta distante, y las de la muchedumbre en la playa, sabía que podía llegar más lejos.

Afirmaba su identidad huyendo de ellos, del desafío que amanece cada día, del abismo que se abre ante el despojo, del miedo al fracaso, del abandono del Otro. Ya no quería ser visto como un bicho porque le escapaba a la rutina, porque había tomado las riendas de su vida, porque aseguraba que vistos de cerca somos todos raros, por apropiarse del lenguaje desconforme y furibundo de las calles que descifra los eufemismos y desnuda el lucro, las estafas y la desigualdad.

Con el sol en lo más alto reflejándose en el azul marino, solo pensaba en llegar al otro extremo de la ensenada donde aguardaban, en lo alto del roquedal,  las otras aves con las alas extendidas y el buche lleno.

Se posó lejos del grupo. El guía se le acercó primero y luego el resto lo recibió con gran alboroto. Alzando vuelo junto a la bandada, viajando en una misma dirección, encontró su lugar.


· Escultura ubicada en extremo sur de la Playa Herradura.
   Coquimbo, junio 2011

jueves, 1 de septiembre de 2011

A la vanguardia desde la periferia



                                      la palabra es de todos y es de nadie
                                                           acierta a veces y otras se equivoca
                                                           pero cuando enmudecemos quedamos
                                                           perdidos en la jungla de las cosas”.
                                                                                             
Mario Benedetti


El pasado martes en la tarde nos reunimos en la Biblioteca Municipal de Maipú los integrantes del Taller para agasajar a nuestro querido guía y mentor, Ricardo Sánchez O., quien ha decidido tomar nuevos rumbos.

Creo que todos quienes asistimos al encuentro tuvimos sentimientos encontrados. Por un lado la alegría de volver a reunirnos a compartir los textos y la charla, los comentarios e impresiones de cada unos de los integrantes, en una mesa tendida con sentido cariño por las amorosas manos de nuestras compañeras,  y por el otro la tristeza de saber que no contaremos más con la constante motivación y el aporte invaluable de Ricardo durante todos estos años.

Como lo mencioné en la reunión, me parece que uno de los aspectos más destacables de las clases de Ricardo –entre muchos otros- es el espíritu de rebeldía que siempre intentó impartir: motivándonos constantemente a la lectura y la escritura, haciendo aflorar el potencial oculto en cada uno de nosotros, valorando y comentando todos los trabajos con respeto y tolerancia, fomentando la autoestima al hacernos sentir importantes, porque todos tenemos algo que decir y  tenemos derecho de apropiarnos de la palabra, más aún en estos tiempos en que la vemos secuestrada por quienes tienen el poder y el dinero.

Luego el hecho de valorar lo periférico, creando un espacio donde desarrollar la creatividad libre de ataduras y prejuicios, desmitificando lo canónico con irreverencia, bajando la academia al nivel de la gente más sencilla, todo eso ha sido un fuerte aliciente para mantenernos a todos en este camino. La coherencia, la constancia y el amor que Ricardo ha demostrado por su trabajo, se refleja en el crecimiento que hemos tenido como grupo humano y de creación permanente.

Tenemos la responsabilidad, entonces, de mantener vivo el espíritu de nuestro querido amigo y guía, asumiendo la nueva conducción de nuestra compañera Margarita, la que tendrá por delante una enorme tarea. No será fácil para nadie, pero si todos nos comprometemos la sacaremos adelante y confío en que seguiremos produciendo cada vez mejores trabajos, con esfuerzo, con esmero, concisión y buen tino, sosteniendo los valores que compartimos en todos estos años.

Sigamos haciendo vanguardia, escribiendo ese gran libro polifónico donde las voces y las imágenes nos recuerden que la memoria de los pueblos no se acalla, sigue viva mientras alguien tenga algo que contar.

¡Salud Maestro! y nos vemos en cualquier momento.  

miércoles, 10 de agosto de 2011

regalito


Sorpréndeme. Fue tu respuesta, cuando pregunté qué deseabas para tu cumpleaños.
Pensé en unas zapatillas cómodas, una polera o camisa con estilo. También podría ser un perfume, algún producto para afeitarse, pero no tendría el efecto que deseaba lograr. Un disco con nuestras canciones preferidas. No, tampoco, lo descarté por trillado, además no pude recordar cuál era su grupo favorito. Entonces un libro, ¿en qué estilo?, si nunca lo he visto leer más que el diario… sus manos siempre sostienen alguna herramienta o porciones de mi cuerpo… nunca libros.
Seguí discutiendo conmigo misma, mientras destrozaba mis pies y por consiguiente los nervios, que en esta búsqueda de un regalo espectacular, se estaban cortando.
Decidí detenerme en un café, allí podría descansar los pies y la cafeína le daría un efecto narcótico a mis pobres nervios. Ya más relajada, comencé a recordar nuestro último encuentro, sólo podía calificarlo como “espectacular”. Fue en ese momento, en que la inspiración bajó en un torrente energético. Abandoné el mal para dirigirme inmediatamente a la peluquería, mi sorpresa requería depilación extrema. Piernas, brazos, axilas… debo confesar que, cuando me depilaron aquella parte, donde nunca antes lo había hecho, se me escaparon varias malísimas palabras, pero al final quedé igual a una muñeca… peladita.
Estrenaría lencería nueva, sostén de encaje y pantaletas rojas.
Con esmero había arreglado el departamento, la comida sobre la mesa, una botella de vino blanco en la hielera.
Sentí tus pasos por el pasillo, las llaves en la cerradura era mi señal para actuar. Con pasos de gata salí a tu encuentro, pusiste cara de sorpresa cuando me viste sólo en ropa interior. Me lancé a tus brazos dispuesta a darte el mejor regalo de cumpleaños, cuando escuché voces que venían desde la cocina.
¡Guarda luego las chelas! - ¿En qué canal es el partido? - ¿A qué hora llega la bruja?
Te miré con furia. Arranqué a la pieza, no sé para qué, si la tropa de imbéciles peloteros ya me había visto haciendo el ridículo y casi desnuda. De un portazo casi derrumbé el edificio y te grité:
¡Feliz cumpleaños maricón!

martes, 9 de agosto de 2011

Me gustan los estudiantes



En ese enredo de calles, pasajes, bocinazos, luces, motores, cables que se cruzan, humo negro, al fondo un cerro, edificios grises y los cañonazos del mediodía, el Mono se abría paso ágilmente entre la multitud que iba y venía, la mayoría con cara de endeudados. Con su parca de cuero negro tachonada, la melena amarrada a la nuca, jeans ajustados y su mochila de tela a la espalda, cruzaba por cada quiosco leyendo los titulares de los diarios: Ministro propone velar porque no haya lucro en universidades privadas”, se destacaba en una de las portadas, con la típica foto en que la autoridad aparecía sonriendo socarronamente.

Al Mono le hervía la sangre al ver tanta injusticia y descaro. Pero también entendía que muchos permitían ese estado de cosas, alienados por tanta farándula y publicidad, endeudados y aún así más interesados en tener que en ser auténticos, permitiendo que Otros dirijan sus vidas, pasivos y resignados.

En su rápido camino hacia la alameda, lo animaba la esperanza de llegar a tiempo para juntarse con sus compañeros y sumarse a la marcha. Parecía un nuevo despertar, volvían a movilizarse como en los viejos tiempos. Algunos trabajadores salían más temprano, evitando la manifestación que ya estaba en curso, y había tacos por todos lados. Cuando alcanzó la columna que parecía un río de gente, ya había empezado la represión. Evitando los cabros y las niñas que arrancaban del guanaco y de los gases –algunos disfrazados, otros con instrumentos musicales, mientras los más osados gritaban y les tiraban peñascazos a los pacos que se agrupaban repartiendo lumazos, puñetazos y patadas a todo lo que se les cruzaban- el Mono buscaba el mejor ángulo para arrojarle su carga al zorrillo, mientras se encajaba una máscara antigas. Pero ni siquiera pudo sacar su carga de la mochila; el chorro a presión le dio de lleno en la espalda y lo lanzó contra el suelo. Cuando reaccionó ya casi tenía encima a dos uniformados; se levantó como un resorte y se metió en carrera por un pasaje sin salida con uno de ellos pisándole los talones. Cuando se enfrentó al paco que lo tenía acorralado en el fondo del callejón, lo miró a los ojos, se quitó la máscara y le dijo:

-         Pero Rogelio, ¿qué estai haciendo acá…?
-         Aquí me ves hermano, ganándome los porotos como todos nomás…¡y haceme el favor de mandarte a cambiar antes que te saque la cresta!
-         Gracias loco! Nos vemos luego…

Y partió a buscar un Mac Donald donde descargar su rabia.  

martes, 2 de agosto de 2011

Un pantallazo de nuestro taller



Este Taller de Creación Literaria, el cual tengo el honor de integrar desde hace tres años y que dirige el poeta y profesor Ricardo Sánchez, se ha caracterizado por intercambiar y promover la literatura que se está produciendo en los frentes más periféricos, como una actitud de resistencia.

Uno de los objetivos primordiales es desmitificar lo canónico e instalar un concepto amplio como lo es el hecho, siempre sígnico y complejo, de la creación. En definitiva, se trata de nuestra pequeña forma de hacer vanguardia.

En las clases, que se realizan los martes y jueves en la Biblioteca Municipal de Maipú, hemos ido incorporando toda una gama de herramientas para la creación, libre de encorsetamientos y esquemas rígidos, dando libre vuelo a la imaginación, compartiendo y comentando – junto con los textos de los grandes maestros y guías- los trabajos realizados por cada uno de los integrantes, quienes conformamos un grupo diverso, aprendiendo unos de otros con respeto y tolerancia.

 Estoy convencido que todos hemos crecido como creadores y como grupo humano, gracias a la permanente búsqueda de nuestra propia voz literaria, otro de los puntos fundamentales que se promueven en el taller. Aprovecho estas páginas virtuales para agradecer a todos los compañeros, a nuestro mentor y guía que tanto nos motiva y también a la vida por haberlos conocido y poder compartir las mismas inquietudes.

Un ángel caído




            El poeta entró al departamento arrastrando los pies luego de una jornada agotadora. Por fin volvía al refugio para dedicarse a lo que era su verdadera pasión. Casi no dormía porque en el día tenía un cargo rutinario en una empresa que le permitía llevar una vida más o menos confortable y en las noches escribía sus mejores versos.
            Se encaminó directo a la cocina, esquivando montones de libros que ocupaban toda la sala; una estantería de pared a pared dominaba el fondo de la pieza, donde destacaban ejemplares de tapas gruesas y llamativos colores. Se preparó un café bien cargado, se acomodó en su mesa de trabajo, encendió un cigarrillo y se dispuso a continuar con el trabajo pendiente, retomando en el verso que dejó la noche anterior:
           
“Si un ángel pasa por tu lado
                                   no te asombre que vuele bajito”

En su cara se reflejaba el placer que le proporcionaba esta tarea; frente al computador se transportaba a otros mundos. De pronto sonó el timbre, se levantó de la mesa sobresaltado por la interrupción. No esperaba a nadie así que fue de mala gana a atender el llamado.

-         Aló, ¿quien es?
-         Estoy buscando al señor Reyes, le traigo una carta de sus padres en el sur.
-         Ah, está bien, suba nomás que la atiendo enseguida.

La muchacha de larga cabellera negra, amplia falda y blusa colorida, parecía un ángel que iba al cielo cuando subió al ascensor. Bajó en el séptimo piso y tocó en el setecientos once. El hombre no pudo disimular su asombro al abrir la puerta y verla allí parada con la carta en una mano y una valijita en la otra.

-         Adelante, pase y acomódese donde pueda; disculpe el desorden pero no he tenido tiempo para arreglar todo esto.
-         No se preocupe; me costó mucho dar con su dirección, es la primera vez que vengo a la capital.
-         Muchas gracias por tomarse tantas molestias; ¿usted de dónde conoce a mis padres?
-         Tenemos amistades en común aunque yo vivo en el pueblo vecino; me pidieron por favor si podía hacerle llegar este encargo  -pasándole la carta-, aprovechando que yo tenía que viajar hasta aquí para hacer unos trámites.
-         Le agradezco nuevamente, veo que ha sido muy osada para animarse a venir sola hasta aquí.
-         Hace tiempo que tenía pensado hacer este viaje; casi siempre prefiero andar sola, me gusta perderme por calles que no conozco, sin rumbo fijo.

Él dejó la carta sobre una de las repisas un poco sorprendido por la inesperada visita.

- Le ofrezco un café o prefiere un té.
- Un café está bien.

Así estuvieron conversando hasta pasada la medianoche sin que se percataran de
la hora. Tan entretenida estuvo la charla que ella aceptó el ofrecimiento para quedarse a pasar esa noche en el departamento.
           
- Le arreglaré el sofá cama para que descanse o si prefiere le daré mi habitación, de todas maneras yo voy a seguir con mi trabajo.
- No se preocupe yo me acomodo donde sea, aquí en la sala está bien.

            Él armó el sofá-cama, la dejó para que acomodara sus cosas y regresó a su mesa de trabajo donde la computadora seguía encendida. Después de un par de horas de teclear sin parar sintió la puerta de la pieza que se abría y entraba el ángel.

-         Es que tuve una pesadilla.

Se arrojó a sus brazos temblando entera. Él la acurrucó como a una niña,
le acariciaba la renegrida cabellera tratando de calmarla. Ella se separó de su abrazo y salió del cuarto arrojándole el camisón y luego el sostén, llegó a la sala donde terminaron revolcándose entre un montón de libros, gozándola en todos los rincones hasta el amanecer.
            Cuando el poeta despertó mareado no reconocía donde estaba. Se levantó para descubrir todas las paredes peladas, sin libros, ni muebles, ni el jarrón con flores que adornaba la ventana, ni encontró al ángel, ni nada de nada.


lunes, 1 de agosto de 2011

utilidad publica

Si a usted le han roto algún órgano vital, siente que la mala suerte le persigue, si donde va sólo puede ver en tonos grises…sus emociones oscilan entre la tristeza y el vacío. Tal vez ha pensado en que la única forma de limpiarse es utilizando productos químicos, ya sea alcohol en grandes cantidades (sí, usted. No es el único que se toma hasta las molestias). Tampoco ha logrado solucionar el problema quemando cuanta yerba existe sobre la larga y extensa faja de tierra que es nuestro país (esto se aplica tanto a la que se hierve, fuma o simplemente quema). Si siente que lleva un tumor dentro de su alma, un dolor insondable que ni los mejores cirujanos podrían abordar… si cada vez que respira siente su aroma, cuando cierra los ojos extraña miserablemente sus manos al punto de querer soñar todo el tiempo, viviendo finalmente en una realidad paralela…

viernes, 29 de julio de 2011

Cuerpo Extraño


Kriztian Gakan 








Imagino tus besos mientras recorro con los míos un cuerpo errante
una figura extraña.
lo miro y busco en él
esa alma perdida, Ese juego de palabras murmurantes
que recorren mi piel. Marcada por tu huella

Intento jugar a que se soy de el
intento pensar que el perfume del sexo
embriagara mis sentidos
y encontrare en su espalda perfecta tus gemidos

No son tus manos,
no es tu cuerpo,
no es tu beso el que cae en mis labios,
no es tu sexo el que tengo en mis manos

Solo es mi sombra nacida del rencor
que busca,
y escudriña en los mas fondo de mis sentidos

Camilo Sarce...


ALIANZA  (Camilo Sarce)


Frío de manos entrando hasta  esta detención de vibraciones,
una mentira para ser amado en el ritmo caluroso y me miras.
Traspasado, la transparencia vacía,
el clamor de los rostros ahogados,
el canto es detenido por el muro invisible
donde ha muerto lo callado,
lo intuido que se ha silenciado con violencia de ausencia,
en tiempo de ciegos, tiempo de inquietos buscando
la quietud en el océano/ soy lo absoluto disminuido a un cuerpo en la nieve sin danza,
el clamor que busca el retorno y se pierde,
en el inútil sonido del ramaje hacia el cielo-muerte,

insoportable amplitud de brazos,
insoportable contraccion de miradas y huidas/
pero pronto no hubo abrazos en la nada,

no hubo tactos intuídos
quedamos así tendidos en la niebla,
abordando el círculo infinito del retorno.


=============0===============

Joven valor que se integró este año al Taller, su riqueza de lenguaje y hermosas imágenes ya le auguran un futuro promisorio en la escena poética nacional.





jueves, 28 de julio de 2011

Para los del taller...

Xicos, antes de publicar deben abrir sus sesiones de blogger he ir a sus respectivos Escritorios de blogs, allí se les mostrarán los blos en los cuales ustedes participan, el personal y los compartidos
Pinchen en donde dice Creación de entrada en el blog del Taller y se lanzan a publicar:)
o si ya han iniciado sesión, fijense en la barra de arriba de este blog, dice en el costado derecho:

Nueva entrada (para que ustedes suban un nuevo post)

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Salir (significa terminar la sesión)


lichazul

jueves, 19 de mayo de 2011

Mauricio González



UNA NOCHE DE FURIA ( Mauricio González)

Cuando recién llegué al barrio los vecinos me miraban de reojo. No te imaginás cuanto costó que me aceptaran. Yo venía de un lugar mucho más tranquilo, allá la gente dormía con la puerta abierta, no existían alarmas ni rejas. Por eso tardé tanto en adaptarme.

Puedo entender que un hombre solo y de mi edad sea mal mirado. En la villa muchos criticaban mi pinta de atorrante, siempre con la misma ropa, todo el tiempo maestreando y cachureando. Pero lo que no me entra en la cabeza es que el turco hiciera esto conmigo. Es cierto, el tipo estaba desesperado, fundido, con problemas de pareja y un montón de deudas ¡pero eso no le daba derecho a enchastrarme así!

Esa noche el turco llegó reventado del trabajo y encontró a su hija más chica sola en la casa haciendo las tareas. Comió algo frente al televisor y al rato se durmió. De repente despertó sobresaltado llamando a la Carlita que no aparecía por ninguna parte. Descontrolado salió a la calle llamándola a gritos, se encaminó derecho a mi casa casi en la esquina. Vio la luz de la sala prendida y -según él- escuchó la voz de la nena adentro. Empezó a sacudir la reja como un poseído. Varios vecinos se asomaron para ver que era tanto escándalo. No sé como hizo para forzar la reja, meterse al jardín y darle de patadas a la puerta de entrada hasta casi derribarla. Algunos trataron de calmarlo diciéndole que yo no estaba, que me vieron salir en la mañana y que nunca llegaba tan temprano. Entre todos empezaron a buscar a la niña hasta que apareció en la casa de un amiguito justo frente a la suya, donde estaban viendo tele.

Esa misma noche voy entrando al pasaje y me encuentro con: una ambulancia frente a mi casa, el turco desmayado en el medio de la calle, dos enfermeros bajando una camilla, más adelante una patrulla con las luces rojas y azules y todos los vecinos afuera mirándome como si se tratara de una aparición. Cuando me contaron lo que había pasado ¡yo no lo podía creer!

Varias veces estuve conversando con el turco e incluso le prestaba mis herramientas cuando se ponía a enchular su taxi los domingos. Cuando lo vi allí tendido, blanco como un papel, te juro que me dieron ganas de matarlo. Pero me aguanté y me dije quedate piola flaco que éste va a caer solito. Al poco tiempo el tipo apareció tirado en un terreno baldío, desnudo, todo golpeado, amarrado de pies y manos, le habían robado el auto y hasta ahora nadie sabe quién fue el responsable.

¿Ahora entendés por qué todavía me siguen mirando raro?

============ 0 ==========

Compañero Uruguayo que se nos quedó a vivir en nuestras tierras y ya es un Chileno de tomo y lomo con excelencia narrativa, su verbo trasmite y evoca muy bien lugares y atmósferas imaginadas, sus personajes son tangibles a la realidad, con ese plus que da la experiencia vivida
Ha sido publicado en las Antología de Taller 2009 de Maipú.Así como en Pelagatos.cl

viernes, 6 de mayo de 2011

Jenni Santa Ana

 

 

 

PERRA VIDA (Yenni Santa Ana)

El callejón se ilumina con las luces que va despidiendo el vestido de lentejuelas. Contoneo las caderas al ritmo candente de aquellas que conocemos la calle. Los tacones filudos van marcando los desacordes de mi vida perra, retumban en la noche avisando que el comercio de cuerpos se abre en la esquina. Una carterita de perlas en la mano, para llevar el lápiz labial color rojo furioso, los condones y los chicles de menta.
Hace frío, sólo un pañuelo baila distraído sobre mi cuello. Son las ganas de agarrar un buen cliente, hacer unos billetes pa’ pagar la luz lo que me amarra a ésta noche y resistir a los pacos, el hambre, el SIDA.
Maraca nací, nunca imaginé ser otra cosa. Aprendí a mover el culo paseando por el campamento, andar con la boca pintada…abrir las piernas. Supe desde muy chica calentarles la sopa a los viejos verdes, esos que se juntan en la plaza y se hacen los dormidos. Apenas me crecieron las tetas comencé el negocio, una moneda por mirarlas, dos por tocarles el cierre, un billete por una mamada, sin acabar “papito” que es más caro.
En esta puta vida cualquier maricón te pega o se cree tu dueño. Por eso yo la trabajo sola, a veces les bailo pilucha a los borrachines que no se la pueden pa’ un polvo; un meneo a los volaos a cambio de un pito relajante, que haga olvidar el dolor de los puñetes que me dio el cliente regalón. Él siempre paga bien pero golpea duro, después llora el muy hueón. Cuando lo consuelo y lo abrazo, me toca mientras va corriéndose una paja tímida meneando una cosa chica que da risa, debe ser por eso que me pega.
De pronto, una silueta aparece en la noche, se ve bastante bien cuando se acerca. Le doy una arreglada al escote, ensayo el andar musical, saco un cigarro y le digo:
¿Tenís fuego? ¿Andai solito? ¿Vamonos por ahí? Aprovecha, mira que ando de oferta. Si querís vamos pa’l fondo, el callejón está oscurito… contra la muralla no más si soy gimnasta.
Finjo que me gustan sus besos, que sus manos me calientan. Con sorpresa afirmo que la tiene igual a los negros, toda una anaconda. Apuro el meneo adornándolo con quejidos de profesional, así terminará luego y no me dejará el poto rasmillado con tanto azote contra los ladrillos.
¿Hacer el amor? Ha pasado demasiado tiempo como para recordar cuándo o con quién fue la última vez que lo hice. Antes o después todos te usan, mienten y se limpian en una. Que soy puta, sucia, basura, una plasta. Por eso, trabaje o no, siempre uso tacos aguja. Así con cada paso que doy imagino que le voy reventando las bolas a todos los hueones. Porque una perra huacha, suelta y quiltra soy, pero orgullosa señor. Orgullosa.

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Su textos  han sido publicados en Antología de Taller 2009, y en Pelagatos.cl
La fuerza y su cruda manera de presentar a sus personajes, hacen de esta escritora un hallazgo y riqueza para el matiz en la literatura, sabe dar la atmósfera y el tono exacto para que uno se deje llevar hacia las emociones absolutamente desnuda de prejuicios.

valeria tettamanti

 

 

 

El abrigo Rojo

Me encontraba en casa cuando llegaron sin previo aviso; en realidad le precedieron unos cazadores, que ensordecían el ambiente con sus motores. Llevaban cascos y fusiles. Camuflados, sus rostros eran negros, sin facciones y sus voces en contraste, de niños jugando a ser poderosos.
Sus dos hijas miraban la escena sin entender nada. Yo tenía a mi bebé en brazos, de apenas tres días de nacida. No hubo compasión, fui arrebatada de la matriz y de esas tres criaturas en nombre de una bandera. Mi bandera.
Me encontré en medio de otros arrebatados de sus úteros, tan temerosos y descolocados como yo. Nuestra bandera en el centro flameando alta y bella, dulce; con su estrella de esperanza.
En el camión me encontré con una colega del tren de la salud, tampoco entendía mucho, pero nos mirábamos con ojos de paz, en medio de muchos lamentos y con la convicción acérrima de estar fuera de lugar. La convicción de la inocencia.
Pasaron largas las horas. Las voces de mando, las de horror y las de padecimiento; nunca le dieron tregua, se entremezclaban en una batalla campal sin fin.
Un oficial de alto mando pasó cerca y volviéndose hacia mí logró reconocerme. Era un gran amigo de mi tío y en compasión del deber dictatorial de su consciencia, ordenó mi liberación.
Yo agarré la mano fuertemente de aquella que suplicaba mi ayuda y no la solté hasta que nos subieron a unos de esos transportes en que nos habían traído. El soldado pareció no darle importancia a mi acople y me subió a punta de tiro.
En el transporte sólo nos mirábamos, el Estadio Nacional, se alejaba en retrospectiva, pronto llegaríamos a mi hogar. Las manos siempre unidas. El camión se detuvo y me bajaron de un ala, pero yo no solté su mano.
La voz sonó fuerte y encañonada. La orden fue clara ¡Voh te bajai! Y ella se queda. No hubo más tiempo. Le entregué cuanto llevaba, mi abrigo rojo con una marraqueta semidura en el bolsillo, parte de mi alma y un hasta pronto.
Bajé del camión, con las pupilas de mis tres niñas encima y la leche derramándose de mis pechos.
El resto, el resto es historia...

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 Ha sido publicada en la Antología del Taller 2009 , y por Pelagatos.cl, su manera de plasmar la ficción con recuerdos que retrotraen parte de un pasado común , hacen de esta escritora un manifiesto siempre vigente y pluma acertiva.