Kriztian Gakan
Padre nuestro,
que estás en los cielos
secretamente colgando
de maderos enmohecidos
mientras,
al ritmo de tarantelas
prostitutas y viejas
beatas te veneran
Santificado sea tu
nombre
y de los hombres su
voluntad
esclavizada
por el pecado original
entre espinos
ensangrentados
Venga a nosotros tu
reino
hágase tu voluntad
entregada en un beso
envolviendo
con aroma a olivo
las promesas de
medianoche
Perdona nuestras
ofensas
que son heridas llamada
infancia
agobio de anunciaciones
moribundas
que ancianas vieron
parir





