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martes, 13 de mayo de 2014

El otro lado

Fabia colocó a medio día su planta frente al espejo. Observó desde el masetero hasta la última hoja que colgaba de ella. Mientras se acomodaba, notaba cómo la piel de las ramas se resecaba con el reflejo de su cuerpo. Muy, pero muy de cerca quiso tocar una de ellas  para notar la fragilidad y delicadez que emanaba del cristal. Solo quiso hacerlo, pero le dio vergüenza y temerosidad destruir tan bella imagen.

La horas pasaban y Fabia siempre estuvo quieta, sin mover más que sus pupilas y deleitarse con el corpóreo que engendraba la frialdad de un otoño atroz que se aproximaba.
De un momento a otro, las hojas comenzaron a partirse en fracciones imposibles de precisar, la planta se agrandaba en dimensiones que superaban el tamaño del espejo, imponiendo a cada instante una tormenta que dejaría totalmente húmeda la frente de la mujer.

La luz se escondía y la planta de a poco iba envejeciendo, formando música con los gemidos quejumbrosos de la anciana cuyas propias raíces nacían para verse descender desde su cadera.
Fabia se paró, se vistió y volvió a enterrarse junto a la siembra de sus padres.

Cada vez que adeondaba la fuica, se aproximaba contra ella la noesía real de su ejerponsio a las afueras de su piel.
Sus ojos, aquellos ojos andrisios de espera, colocaban en su manto las soses con que había ñoacido las mejillas ranpeúntes de la única vez que movió su dárgico con el pecho apasionado.

"A fuera de los desiertos
dan un paseo el árbol y mi sombra

contando desde un final
que no se entiende, que no se entiende
porque no se quiere admitir
que sin ramas y sin rastro

soy componente de la soledad".

1 comentario:

elisa lichazul dijo...

felicitaciones CONNI, un texto muy logrado
buen fin de semana