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jueves, 19 de mayo de 2011

Mauricio González



UNA NOCHE DE FURIA ( Mauricio González)

Cuando recién llegué al barrio los vecinos me miraban de reojo. No te imaginás cuanto costó que me aceptaran. Yo venía de un lugar mucho más tranquilo, allá la gente dormía con la puerta abierta, no existían alarmas ni rejas. Por eso tardé tanto en adaptarme.

Puedo entender que un hombre solo y de mi edad sea mal mirado. En la villa muchos criticaban mi pinta de atorrante, siempre con la misma ropa, todo el tiempo maestreando y cachureando. Pero lo que no me entra en la cabeza es que el turco hiciera esto conmigo. Es cierto, el tipo estaba desesperado, fundido, con problemas de pareja y un montón de deudas ¡pero eso no le daba derecho a enchastrarme así!

Esa noche el turco llegó reventado del trabajo y encontró a su hija más chica sola en la casa haciendo las tareas. Comió algo frente al televisor y al rato se durmió. De repente despertó sobresaltado llamando a la Carlita que no aparecía por ninguna parte. Descontrolado salió a la calle llamándola a gritos, se encaminó derecho a mi casa casi en la esquina. Vio la luz de la sala prendida y -según él- escuchó la voz de la nena adentro. Empezó a sacudir la reja como un poseído. Varios vecinos se asomaron para ver que era tanto escándalo. No sé como hizo para forzar la reja, meterse al jardín y darle de patadas a la puerta de entrada hasta casi derribarla. Algunos trataron de calmarlo diciéndole que yo no estaba, que me vieron salir en la mañana y que nunca llegaba tan temprano. Entre todos empezaron a buscar a la niña hasta que apareció en la casa de un amiguito justo frente a la suya, donde estaban viendo tele.

Esa misma noche voy entrando al pasaje y me encuentro con: una ambulancia frente a mi casa, el turco desmayado en el medio de la calle, dos enfermeros bajando una camilla, más adelante una patrulla con las luces rojas y azules y todos los vecinos afuera mirándome como si se tratara de una aparición. Cuando me contaron lo que había pasado ¡yo no lo podía creer!

Varias veces estuve conversando con el turco e incluso le prestaba mis herramientas cuando se ponía a enchular su taxi los domingos. Cuando lo vi allí tendido, blanco como un papel, te juro que me dieron ganas de matarlo. Pero me aguanté y me dije quedate piola flaco que éste va a caer solito. Al poco tiempo el tipo apareció tirado en un terreno baldío, desnudo, todo golpeado, amarrado de pies y manos, le habían robado el auto y hasta ahora nadie sabe quién fue el responsable.

¿Ahora entendés por qué todavía me siguen mirando raro?

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Compañero Uruguayo que se nos quedó a vivir en nuestras tierras y ya es un Chileno de tomo y lomo con excelencia narrativa, su verbo trasmite y evoca muy bien lugares y atmósferas imaginadas, sus personajes son tangibles a la realidad, con ese plus que da la experiencia vivida
Ha sido publicado en las Antología de Taller 2009 de Maipú.Así como en Pelagatos.cl

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