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viernes, 29 de julio de 2011

Cuerpo Extraño


Kriztian Gakan 








Imagino tus besos mientras recorro con los míos un cuerpo errante
una figura extraña.
lo miro y busco en él
esa alma perdida, Ese juego de palabras murmurantes
que recorren mi piel. Marcada por tu huella

Intento jugar a que se soy de el
intento pensar que el perfume del sexo
embriagara mis sentidos
y encontrare en su espalda perfecta tus gemidos

No son tus manos,
no es tu cuerpo,
no es tu beso el que cae en mis labios,
no es tu sexo el que tengo en mis manos

Solo es mi sombra nacida del rencor
que busca,
y escudriña en los mas fondo de mis sentidos

Camilo Sarce...


ALIANZA  (Camilo Sarce)


Frío de manos entrando hasta  esta detención de vibraciones,
una mentira para ser amado en el ritmo caluroso y me miras.
Traspasado, la transparencia vacía,
el clamor de los rostros ahogados,
el canto es detenido por el muro invisible
donde ha muerto lo callado,
lo intuido que se ha silenciado con violencia de ausencia,
en tiempo de ciegos, tiempo de inquietos buscando
la quietud en el océano/ soy lo absoluto disminuido a un cuerpo en la nieve sin danza,
el clamor que busca el retorno y se pierde,
en el inútil sonido del ramaje hacia el cielo-muerte,

insoportable amplitud de brazos,
insoportable contraccion de miradas y huidas/
pero pronto no hubo abrazos en la nada,

no hubo tactos intuídos
quedamos así tendidos en la niebla,
abordando el círculo infinito del retorno.


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Joven valor que se integró este año al Taller, su riqueza de lenguaje y hermosas imágenes ya le auguran un futuro promisorio en la escena poética nacional.





jueves, 28 de julio de 2011

Para los del taller...

Xicos, antes de publicar deben abrir sus sesiones de blogger he ir a sus respectivos Escritorios de blogs, allí se les mostrarán los blos en los cuales ustedes participan, el personal y los compartidos
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lichazul

jueves, 19 de mayo de 2011

Mauricio González



UNA NOCHE DE FURIA ( Mauricio González)

Cuando recién llegué al barrio los vecinos me miraban de reojo. No te imaginás cuanto costó que me aceptaran. Yo venía de un lugar mucho más tranquilo, allá la gente dormía con la puerta abierta, no existían alarmas ni rejas. Por eso tardé tanto en adaptarme.

Puedo entender que un hombre solo y de mi edad sea mal mirado. En la villa muchos criticaban mi pinta de atorrante, siempre con la misma ropa, todo el tiempo maestreando y cachureando. Pero lo que no me entra en la cabeza es que el turco hiciera esto conmigo. Es cierto, el tipo estaba desesperado, fundido, con problemas de pareja y un montón de deudas ¡pero eso no le daba derecho a enchastrarme así!

Esa noche el turco llegó reventado del trabajo y encontró a su hija más chica sola en la casa haciendo las tareas. Comió algo frente al televisor y al rato se durmió. De repente despertó sobresaltado llamando a la Carlita que no aparecía por ninguna parte. Descontrolado salió a la calle llamándola a gritos, se encaminó derecho a mi casa casi en la esquina. Vio la luz de la sala prendida y -según él- escuchó la voz de la nena adentro. Empezó a sacudir la reja como un poseído. Varios vecinos se asomaron para ver que era tanto escándalo. No sé como hizo para forzar la reja, meterse al jardín y darle de patadas a la puerta de entrada hasta casi derribarla. Algunos trataron de calmarlo diciéndole que yo no estaba, que me vieron salir en la mañana y que nunca llegaba tan temprano. Entre todos empezaron a buscar a la niña hasta que apareció en la casa de un amiguito justo frente a la suya, donde estaban viendo tele.

Esa misma noche voy entrando al pasaje y me encuentro con: una ambulancia frente a mi casa, el turco desmayado en el medio de la calle, dos enfermeros bajando una camilla, más adelante una patrulla con las luces rojas y azules y todos los vecinos afuera mirándome como si se tratara de una aparición. Cuando me contaron lo que había pasado ¡yo no lo podía creer!

Varias veces estuve conversando con el turco e incluso le prestaba mis herramientas cuando se ponía a enchular su taxi los domingos. Cuando lo vi allí tendido, blanco como un papel, te juro que me dieron ganas de matarlo. Pero me aguanté y me dije quedate piola flaco que éste va a caer solito. Al poco tiempo el tipo apareció tirado en un terreno baldío, desnudo, todo golpeado, amarrado de pies y manos, le habían robado el auto y hasta ahora nadie sabe quién fue el responsable.

¿Ahora entendés por qué todavía me siguen mirando raro?

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Compañero Uruguayo que se nos quedó a vivir en nuestras tierras y ya es un Chileno de tomo y lomo con excelencia narrativa, su verbo trasmite y evoca muy bien lugares y atmósferas imaginadas, sus personajes son tangibles a la realidad, con ese plus que da la experiencia vivida
Ha sido publicado en las Antología de Taller 2009 de Maipú.Así como en Pelagatos.cl

viernes, 6 de mayo de 2011

Jenni Santa Ana

 

 

 

PERRA VIDA (Yenni Santa Ana)

El callejón se ilumina con las luces que va despidiendo el vestido de lentejuelas. Contoneo las caderas al ritmo candente de aquellas que conocemos la calle. Los tacones filudos van marcando los desacordes de mi vida perra, retumban en la noche avisando que el comercio de cuerpos se abre en la esquina. Una carterita de perlas en la mano, para llevar el lápiz labial color rojo furioso, los condones y los chicles de menta.
Hace frío, sólo un pañuelo baila distraído sobre mi cuello. Son las ganas de agarrar un buen cliente, hacer unos billetes pa’ pagar la luz lo que me amarra a ésta noche y resistir a los pacos, el hambre, el SIDA.
Maraca nací, nunca imaginé ser otra cosa. Aprendí a mover el culo paseando por el campamento, andar con la boca pintada…abrir las piernas. Supe desde muy chica calentarles la sopa a los viejos verdes, esos que se juntan en la plaza y se hacen los dormidos. Apenas me crecieron las tetas comencé el negocio, una moneda por mirarlas, dos por tocarles el cierre, un billete por una mamada, sin acabar “papito” que es más caro.
En esta puta vida cualquier maricón te pega o se cree tu dueño. Por eso yo la trabajo sola, a veces les bailo pilucha a los borrachines que no se la pueden pa’ un polvo; un meneo a los volaos a cambio de un pito relajante, que haga olvidar el dolor de los puñetes que me dio el cliente regalón. Él siempre paga bien pero golpea duro, después llora el muy hueón. Cuando lo consuelo y lo abrazo, me toca mientras va corriéndose una paja tímida meneando una cosa chica que da risa, debe ser por eso que me pega.
De pronto, una silueta aparece en la noche, se ve bastante bien cuando se acerca. Le doy una arreglada al escote, ensayo el andar musical, saco un cigarro y le digo:
¿Tenís fuego? ¿Andai solito? ¿Vamonos por ahí? Aprovecha, mira que ando de oferta. Si querís vamos pa’l fondo, el callejón está oscurito… contra la muralla no más si soy gimnasta.
Finjo que me gustan sus besos, que sus manos me calientan. Con sorpresa afirmo que la tiene igual a los negros, toda una anaconda. Apuro el meneo adornándolo con quejidos de profesional, así terminará luego y no me dejará el poto rasmillado con tanto azote contra los ladrillos.
¿Hacer el amor? Ha pasado demasiado tiempo como para recordar cuándo o con quién fue la última vez que lo hice. Antes o después todos te usan, mienten y se limpian en una. Que soy puta, sucia, basura, una plasta. Por eso, trabaje o no, siempre uso tacos aguja. Así con cada paso que doy imagino que le voy reventando las bolas a todos los hueones. Porque una perra huacha, suelta y quiltra soy, pero orgullosa señor. Orgullosa.

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Su textos  han sido publicados en Antología de Taller 2009, y en Pelagatos.cl
La fuerza y su cruda manera de presentar a sus personajes, hacen de esta escritora un hallazgo y riqueza para el matiz en la literatura, sabe dar la atmósfera y el tono exacto para que uno se deje llevar hacia las emociones absolutamente desnuda de prejuicios.

valeria tettamanti

 

 

 

El abrigo Rojo

Me encontraba en casa cuando llegaron sin previo aviso; en realidad le precedieron unos cazadores, que ensordecían el ambiente con sus motores. Llevaban cascos y fusiles. Camuflados, sus rostros eran negros, sin facciones y sus voces en contraste, de niños jugando a ser poderosos.
Sus dos hijas miraban la escena sin entender nada. Yo tenía a mi bebé en brazos, de apenas tres días de nacida. No hubo compasión, fui arrebatada de la matriz y de esas tres criaturas en nombre de una bandera. Mi bandera.
Me encontré en medio de otros arrebatados de sus úteros, tan temerosos y descolocados como yo. Nuestra bandera en el centro flameando alta y bella, dulce; con su estrella de esperanza.
En el camión me encontré con una colega del tren de la salud, tampoco entendía mucho, pero nos mirábamos con ojos de paz, en medio de muchos lamentos y con la convicción acérrima de estar fuera de lugar. La convicción de la inocencia.
Pasaron largas las horas. Las voces de mando, las de horror y las de padecimiento; nunca le dieron tregua, se entremezclaban en una batalla campal sin fin.
Un oficial de alto mando pasó cerca y volviéndose hacia mí logró reconocerme. Era un gran amigo de mi tío y en compasión del deber dictatorial de su consciencia, ordenó mi liberación.
Yo agarré la mano fuertemente de aquella que suplicaba mi ayuda y no la solté hasta que nos subieron a unos de esos transportes en que nos habían traído. El soldado pareció no darle importancia a mi acople y me subió a punta de tiro.
En el transporte sólo nos mirábamos, el Estadio Nacional, se alejaba en retrospectiva, pronto llegaríamos a mi hogar. Las manos siempre unidas. El camión se detuvo y me bajaron de un ala, pero yo no solté su mano.
La voz sonó fuerte y encañonada. La orden fue clara ¡Voh te bajai! Y ella se queda. No hubo más tiempo. Le entregué cuanto llevaba, mi abrigo rojo con una marraqueta semidura en el bolsillo, parte de mi alma y un hasta pronto.
Bajé del camión, con las pupilas de mis tres niñas encima y la leche derramándose de mis pechos.
El resto, el resto es historia...

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 Ha sido publicada en la Antología del Taller 2009 , y por Pelagatos.cl, su manera de plasmar la ficción con recuerdos que retrotraen parte de un pasado común , hacen de esta escritora un manifiesto siempre vigente y pluma acertiva.

jueves, 5 de mayo de 2011

evelyn ríos




Liberación (Evelyn Ríos Montperre)

Ve y corre mujer,
no puedo mostrarte el camino,
aún no lo conozco.

Sí, tal vez en este instante ya pisas espumas blancas
brillantes por el sol de la eternidad.

No, no te angusties, el trigal mostrará su fruto.
Sus semillas caerán a tu alrededor 
                               y serás vida una vez más,

escucharás campanas de fiesta y brillará el sol,
sólo sé que escaleras de estrellas te lo mostrará.


Quisiera que el viento llevara tu cuerpo inerte
al ritmo del sonido de las hojas y el trinar de las aves,
podrías danzar por el camino de nubes
y los juncos azules se inclinarían al verte llegar.


Tranquila, son voces celestiales desde un verde lejano,
perfumando tu nueva morada de rosas encantadas
que atraen a multicolores mariposas revoloteando:


ya falta poco, todos te están esperando.


Ve y corre mujer, no puedo mostrarte el camino:
aún no lo conozco.
Sí, tal vez en este instante ya pisas espumas blancas,
brillantes por el sol de la eternidad.




Ha sido publicada en la Antología de taller 2009, sus creaciones son de gran certeza y emotividad